La necesidad de tener un celular


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Hablaba en la tarde con un amigo de la infancia, la temática de nuestra conversación era de lo más trivial del mundo. Todo entre risas, haz visto al flaco, haz visto al gordo, risas, como está esa mina que no le recordaba el nombre, risas, acordarnos de esa anécdota de que siempre nos recordamos cuando nos vemos y fin, termino de la conversación, un hasta siempre y un adiós.

Lo que es característico de este amigo en cuestión es su fanatismo por los celulares, siempre con uno en sus manos, tanto así que pareciera que es una extensión de su cuerpo y que nunca deja de estar unido a él por medio de los clásicos audífonos en sus oídos. Y hablo en serio, pues la conversación rutinaria que mantuvo conmigo, le prestó más atención a su celular que a mí mismo.

Un tipo incurable, recuerdo que hace muchos años atrás, yo, un neófito en lo que tiene que ver con tecnología y teléfonos móviles, me decidí a comprar un celular, a quién iba a recurrir que no fuera este amigo. Fue tan solo una visita al centro comercial, pero luego de esa visita, quedé con un magister en ciencias del celular, y no miento, menuda compra esa.

007 Mi buen amigo de la infancia, cada vez que lo veo luce el teléfono celular de último modelo, desde ese pequeño Nokia con el que llegó al barrio, hasta la tarde recién pasada en la que modelaba un lujoso Galaxy no sé cuantito, pero lo más seguro es que sea el último que salió al comercio.

Ahora que voy sólo lo recuerdo con gratos pensamientos, ya que ese tipo, mi amigo, era realmente un adelantado a nuestros tiempos, el más macanudo en lo relacionado con los avances tecnológicos. Y ahora miro y miro a mi alrededor, es como si todos le hubieran copiado su pasión por los celulares.